Kolumbistan una ucronía encantada

Kolumbistan una ucronía encantada

Datos preliminares informativos.

País: Irepani, república de la federación teocrática de Kolumbistan.

Ciudad: Santa Clara de Suram la capital de la república de Irepany.

Escenario. Un mundo alternativo, algo así como un tiempo paralelo o historia contrafactual. Este mundo fue afectado por una pandemia en la época de la peste bubónica en la edad media. Como consecuencia de la adaptación inmunitaria de la población que quedó hubo cambios en el genoma humano y la humanidad sobrevivió. Mucha gente quedó con malformaciones congénitas en la próxima generación y murieron y, los que nacían en la siguiente generación, lograron estabilidad en su fisiología y hubo menos muertes. El costo de estos cambios genéticos volvió sensibles a las mujeres a los rayos ultravioletas produciéndoles quemaduras cutáneas que las podían llevar a la muerte. Las curas ofrecidas no tuvieron efecto y todas las muchachas en el comienzo de la pubertad o sea a los 13 años aproximadamente comenzaban a presentar irritabilidad en la piel al contacto con la luz solar. Por tanto a esta edad toda niña de este mundo o línea del tiempo, fuera o no religiosa tiene obligatoriamente que cubrirse todo el cuerpo para evitar quemaduras de la piel y las familias ya lo consideran como una obligación moral por mandato cultural o religioso. Esto se ha institucionalizado por mandato o costumbre como parte de su linaje y estatus social., cultural y económico.

Los diferentes credos religiosos fácilmente atribuyeron esto a un castigo divino y con mucha más razón tuvieron la explicación a través de los textos religiosos para justificar las diferentes formas de velado.

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Este es un relato de  la vida diaria de una familia de Kolumbistan que puede ser continuado por otros autores conservando los principios de Tales of the veils. Al mismo tiempo construir otras historias sobre este mundo ucrónico.

El país

Irepani es una república parlamentaria de la federación de repúblicas de Kolumbistan. Los partidos de las élites religiosas cristianas dominaron el poder en el parlamento y esto trajo consigo la oficialización de las leyes de modestia por mandato religioso estricto que ya de hecho se venían cumpliendo por la fuerza de la costumbre. En este momento histórico ya habían quedado atrás las prácticas de fanatismo y odio racial y religioso y la población había acordado como consenso y consentimiento mínimo las costumbres sempiternas afines a todas nominaciones religiosas cristianas, musulmanas, judías y de otras religiones para no entrar en conflictos.

La república religiosa de Irepani como era llamada ahora mostraba un gran desarrollo económico por la cantidad de proyectos de producción, la disciplina de sus habitantes, los recursos naturales y la posición estratégica geopolítica en el continente occidental de Kolumbistan.

El orgullo de Irepani estaba respaldado por la belleza de sus mujeres que tenían la menor contaminación ultravioleta o sea que había menos mujeres con las deformaciones monstruosas de la plaga. Por supuesto, todo esto tenía un precio, implicaba una estricta imposición de refrenamientos en las jóvenes, aplicadas en parte por convicción religiosa o por la vía legal que ofrecía leyes estrictas de confinamiento preventivo en las muchachas desde la adolescencia, sofocando todo intento de rebelión.

Es descomunal la cantidad de tapados, velos, máscaras, capas que existen en la actualidad. Los fenómenos naturales y las crisis económicas han estrechado los lazos de amistad entre los pueblos. En Kolumbistan hay países con gran influencia religiosa; en la región la moda victoriana ha buscado nuevas formas de protección para la mujer ligadas a la cultura.

Trajes largos con guantes oscuros.

Máscaras de cuero suave o terciopelo opaco o negro con lentes protectores.

Capas protectoras de diferentes diseños.

Capuchas herméticas protectoras.

Velos de todos los tipos.

La burka por ahora ha sido el mejor tapado inventado hasta ahora, ésta ha tenido muchas innovaciones de acuerdo con la cultura, la región, la religión y la moda. Aparecen las nuevas tendencias de la alta costura en las diferentes estaciones del año. Para garantizar la debida protección debe tener un forro interior de color oscuro y muy suave como un fustán o combinación, no importando los colores externos que tenga.

La caja púber, es un compartimiento estrecho para guardar a la muchacha adolescente mientras sale de casa escoltada por un sirviente o los padres de ella. Esta la llevan en el coche o la colocan en la iglesia para los oficios religiosos.

La silla púber, es una silla de ruedas, también para la adolescente, donde la muchacha va sentada y sujeta a la silla siendo cubierta con una capota encima de ella o el espaldar lleva un espaldar hasta la cabeza donde al sentarse acomoda su cabeza en un hueco que se cubre por delante por un velo de malla. Algunos padres prefieren este medio para asegurar esa protección extrema para su hija en los paseos por los parques durante el día cuando se le adapta una caja púber a la silla.

El mutus es más bien una costumbre relacionada con la modestia de la voz considerada como símbolo de pureza de las muchachas adolescentes y a veces de las señoras jóvenes familias de estatus elevado o muy religiosas donde se impone como una tradición. Consiste en una mordaza que tiene muchas variantes y hecha de diferentes materiales, desde simbólicas hasta la moza muta máscara-mordaza con llave o también muy sofisticadas hechas por ortodontistas.

Moza muta. Máscara con una mordaza integrada.

Toca púber. Velo de todo el cuerpo o burka

Mascada: velo de diferentes colores que va desde la frente hacia abajo cubriendo el busto, azul para las colegialas que todavía no llevan burka, tiene una abertura rectangular a la altura de los ojos cubierta de malla y bordado para ver y se ata a la cabeza por atrás con una cinta del ancho de la frente y cubre a los lados incluso las orejas. Puede ser lo que llaman otras culturas “yashmak o ru-band”.

Claustrum. Sistema de protección u ocultamiento de las mujeres en las familias muy religiosas o conservadoras ligadas al gobierno que es controlado por la religión. Sinónimo de purdah. Se impuso como ley por el último gobierno y es el costo que tienen que pagar a cambio de la belleza de las mujeres que es el orgullo de Irepani. Esto incluye todas las variantes de seclusión de las mujeres con el propósito de protegerlas de la plaga reptiliana en la piel y las complicaciones en su salud que llevan a la muerte en poco tiempo. Por ejemplo: todas las variantes de velos, máscaras, la silla púber, las estancias ambulantes.

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La finca

Manuel Santamaría se disponía para salir al campo y había avisado a su hijo Efraín para preparar la camioneta y llevar algunas herramientas para la finca. Era necesario salir porque tenía que dejar las tierras en manos de su hermano Fernando porque él iba a asumir una función importante en el ministerio diplomático del nuevo gobierno religioso. Las niñas Daniela una muchacha en sus 18 años de edad, con linda cara y tez mestiza bien proporcionada ojos grandes color marrón, frente amplia y pelo negro largo, y Silvana de 14 años con su carita más fina iguales ojos hermosos y labios carnosos rosados intensos son hijas de Manuel y se disponían a viajar con ellos. Daniela con falda larga azul un poco ajustada que llega a media pierna, las medias oscuras le cubren las piernas hasta 2 cm debajo de la rodilla, los zapatos cerrados y blusa a cuadros con mangas largas con bordado en el borde del puño, Daniela ató su pelo en una cola y cogió su propio burqa que estaba extendido en la cama y un volumen de tela suave de color amarillento con fondo o combinación oscura (una tela delgada y suave que protege por debajo de la tela externa más gruesa del burqa) caía sobre su cabeza cubría flojamente hasta cubrir sus zapatos y la dejaba con una fantasma, era amplio, un poco pesado y voluminoso, cuando se acomoda la gorra en la cabeza buscando la malla para ver, ella sentía acariciando su piel la capa interna de tela suave, esta es de un color más oscuro que le aseguraba su verdadero retiro y protección. El atuendo es fruncido laboriosamente por atrás y a los lados en el borde de la gorra y un poco por encima del cuello y en la frente era liso y donde se extendía la malla bordada para ver, ésta tiene también una tela oscura de forro debajo de ella. El movimiento de sus brazos apenas se adivina, en una masa de tela de algodón-seda que la cubre totalmente de la cabeza a los pies. Sale caminando graciosamente, al principio titubeante barriendo el suelo con el pequeño vuelo de encaje bordado plegado finamente en el borde del dobladillo y en todo derredor del amplio traje. Le sigue Silvana que apenas lleva un pantalón azul una blusa a rayas y un sombrero con una flor bordada en el frente. Entran a la furgoneta con ventanas cerradas con vidrios oscuros.

Manuel va al timón y Efraín en el asiento delantero, ambos van comentando los asuntos de la finca. Daniela se ha levantado el burqa con la dificultad que le imponía la abundancia y el peso de la tela.

“Espero que te comportes… cuando lleguemos donde doña Marisa.” Dice Daniela a su hermana con una sonrisa irónica.

-El hecho que no puedas correr como yo, no quiere decir que tengo que estar contigo encerrada. Apenas llegue a la finca yo voy a ir con Jacinto que me ayude a cortar frutas, para llevar a mamá. _Replicó Silvana con una sonrisa burlesca.

-Espera a que tengas que vestir como yo y verás…

-Otra vez me recuerdas que pronto tendré que encapucharme. Que no te aburres de cargar encima de ti esa masa de tela…?

Por mi parte hace mucho tiempo lo hubiera hecho pero ya sabes las consecuencias…

En eso volvió la mirada Efraín. -Ya cállense…

-¿Y qué le pasa a este? Nadie lo ha llamado. Nosotras hablamos cosas que no te incumben; no te metas en cosas de mujeres”. Dijo Silvana.

“Yo hubiera preferido un mutus para cada una de ustedes para no oír sus cuchicheos aburridos”. Replicó Efraín.

-Por favor no peleen. Ya estamos llegando. Dijo Manuel.

La camioneta se detuvo en una superficie limpia de hierbas frente a la puerta de la casa después de media hora de recorrido. Salieron los varones, luego bajaron las muchachas. Daniela entró a la casa con su tapado y Silvana corrió a la casa y después de saludar a Marisa fue a la puerta del patio y buscó a Jacinto, el cuidador de la finca y después de saludar salieron juntos a caminar entre los arbustos. Manuel y su hijo  fueron con Fernando a la huerta para ver los plantíos.

Las horas pasaron y a eso del mediodía cuando doña Marisa estaba llamando para el almuerzo y Silvana estaba recogiendo las frutas caídas cerca de la casa. De pronto, se oyeron unos gritos espeluznantes. La muchacha entró corriendo a la casa tocándose el antebrazo derecho. Lo tenía enrojecido y había ampollas, ella lloraba de dolor y se mostraba la cara ruborizada con inflamación de los párpados, había en su cara una expresión de terror, se notaba que había mucha preocupación y ansiedad. Marisa fue a auxiliarla y le puso paños de agua fresca.

-No te preocupes hija, esto tenía que pasarte en algún momento.

En eso se asomó Daniela desde dentro de la casa y le dijo. “Mamá te lo había dicho y no le hiciste caso, ahora ya sabes que llegó el momento taparte. Ven que ya llegó tu “tiempo” como me ocurrió a mí. Deja de llorar. Tienes que calmarte.”

“No. No. No puede ser. ¿Qué voy a hacer ahora?

-Mamá ya te lo había dicho. En cualquier momento pasaría. Ella se estaba preparando. A ti te lo había dicho y no querías oírle.

Silvania recordaba había visto cómo cambiaba la vida cotidiana de sus compañeras de clase una vez que tenían que taparse. Eso era como un anuncio para ella que no quería aceptar. Lo había visto sin tener que preocuparse. Ahora era diferente. Ahora lo sufría en carne propia. Y de ahora en adelante todo cambiaría.

Daniela ya era hábil en el manejo del burqa y no titubeaba al caminar, ella ayuda a su hermana, cubierta ahora como dentro de una bolsa de tela gruesa fueron al dormitorio donde una sorpresa la esperaba…

Era de tarde y doña Marisa acogió a la niña calmándola y aconsejándola. Ella era una mujer experimentada que sabía cómo abordar esas situaciones. En su juventud había tenido acceso a las diferentes modas de tapado de la época y ya había pensado en opciones cuando llegara ese momento.

Silvana lloraba como no queriendo aceptar su nueva condición. Después llegaron los hombres a comer y se dieron cuenta del hecho y Efraín miraba a Silvana con una sonrisa irónica. Todos fueron a comer Silvana se durmió después. Cuando despertó se disponían a regresar oyó voces que discutían en la sala.

“Yo tengo burkas, pero solo en casa”. Dijo Daniela.

-La “caja” puede resolver por ahora. Es una “caja púber” que usó la hermana de Marisa antes de irse a estudiar.

-Ya veo que es la única solución si esa “caja” está en buenas condiciones, no hay más que hablar, solo hay que limpiarla”. Dijo Manuel.

-Pues, vamos a traer la caja ya. Dijo Efraín de manera entusiasta.

Daniela vio cuando los hombres salían hacia la parte de atrás de la casa hacia la bodega y movieron unos calaches que sonaban y regresaban cargando una caja de madera de forma trapezoide. Daniela fue a la sala y vio cómo Manuel habría las tapas desarmándola.

“¿Qué es eso?” Preguntó Silvana.

“En para ti…” Contestó Efraín con sonrisa burlona.

“No. ¡No es posible! No van a meterme es esa cosa!”

-Mira, yo ya la probé una vez y después de unos minutos sentirás que es cómoda”. Replicó Daniela.

Colocaron una almohada en la superficie inferior y le indicaron a Silvana que se arrodillara dentro. Ella no comprendía y Daniela la ayudó.

Silvana estaba renuente y después de aceptar se colocó arrodillada en la tapa de abajo y los hombres aseguraron los tobillos y los brazos en una especie de cepos por dentro de la caja y cerraron las tapas en los lados y el frente dejando sólo la cara descubierta en un orificio circular. Silvana se mostraba ansiosa y sollozante al sentirse prisionera dentro de la caja. Luego colocaron la tapa de la cara dejando sólo visible una ventanita cuadrada forrada con tela. Aseguraron las tapas con llave y luego montaron la caja en la camioneta para regresar a la casa. Se oían dentro los quejidos de la muchacha enclaustrada y los hombres comentaban que por eso era mejor el uso del mutus para no oír sus gritos. En esas condiciones se dispusieron a regresar a la ciudad.

-Mi niña esa caja yo la usé muchas veces cuando mi padre me llevaba a la plaza a pasear. Dijo Marisa.

Daniela

La llegada del nuevo gobierno religioso tuvo ventajas para Manuel, ya que era recomendado por el obispo, líder religioso local, durante las elecciones y eso le aseguró un puesto dentro de la nueva burocracia del estado. Le aseguraron un puesto en el ministerio de asuntos exteriores como asistente para misiones diplomáticas debido a sus conocimientos de leyes, él era un abogado que había dejado de litigar para dedicarse a su casa y la finca. Esto supondría ausentarse de la casa y del país  muchas en muchas ocasiones. Por eso se apresuró en dejar la finca a cargo de su hermano Fernando. Eso también incluye el cambio de estatus de la familia, por lo que se cambiarían a un sector residencial para garantizar mayor seguridad y comodidad a la familia, pero también implicaría cumplir las exigencias de modestia para la familia como un funcionario del gobierno. El cambio se extendía automáticamente a las niñas que, por supuesto, cambiarían de escuela. En este caso Daniela iría a la  universidad estatal religiosa y Silvana para la escuela de secundaria religiosa estatal de Santa Nima. Por supuesto le exigirían a ambas los reglamentos de esta escuela.

Daniela, está en casa de vacaciones, esperaba regresar a la universidad. Ella está en plena adolescencia y ya había pasado la experiencia de adaptarse a la vida oculta al tener que usar el velo desde 3 años antes y había aceptado dócilmente todas las imposiciones de control que exigía el gobierno, de modo renuente al comienzo y luego como una rutina, aunque la familia era un poco liberal y no hubo muchas exigencias. Por otro lado, Silvana tiene un comportamiento más rebelde y es un poco reticente a los mandatos del gobierno.

Daniela aplica una crema medicada en las quemaduras del antebrazo de Silvana. Esta tenía gran curiosidad sobre su situación y trataba de indagar a través de su hermana sus experiencias. A pesar de ser ella espectadora de los hábitos de su hermana; quería saber de su propia experiencia sus opiniones sobre la inexorable situación del velado obligatorio de las mujeres a la edad de la adolescencia, tal vez en busca de alguna vaga excusa como para escapar de esa situación.

-¿Crees que tardará en sanar? Preguntó Silvana señalando las lesiones en proceso de cicatrización.

-Espero que sí, y si no te expones nuevamente al sol, si lo haces habrá costras y escamas y si te expones más puede ocurrir en el peor de los casos que mueras o simplemente te puedes parecer a la piel de una iguana y serás expulsada, y llevada a un centro de rehabilitación y papá no podrá protegerte.

-¿Cómo?

-Serás una iguana… y morirás de manera horrible. Es lo que me enseñaron en la escuela y decía mamá.

-Pensé que eso sea un invento para atemorizar a las niñas. No creí que fuera algo real. ¿Y tú, tuviste una experiencia dolorosa parecida a la mía?

-Sólo una vez pero las lesiones, pero fueron muy leves. Mamá y papá se preocuparon mucho y su intención era protegerme. Hoy se sabe que el organismo recurre a formas alternativas de protección después de las quemaduras formando costras y escamas muy feas de color verdoso si te sigues exponiendo al sol. En fin, es como si tu piel fuera como la de una iguana.

– Y entonces comenzaste a taparte o te lo exigieron. ¿Cómo sucedió? Cuando comenzaste a taparte, no me digas que te exigió papá y te castigaron alguna vez…

-Tantas preguntas cuando hemos vivido juntas. Tú lo has visto pero quieres que te lo cuente… Bueno, no fue tanto así… es decir… no fue traumático exactamente. Ahora, como ves, el velo es parte de mi vestido diario. Mamá me había aconsejado desde pequeña como a ti. Aunque tú has sido más rebelde y no has comprendido que es para tu bien. Ella me mencionaba jocosamente lo de la “iguana”. Yo tenía mucha curiosidad, porque había una vecina que usaba tapados variados a la moda cuando salía de día. A diario miraba  a las “mujeres fantasmas” y me daban miedo al comienzo, pero mamá me aconsejaba muy bien para no temer.

Daniela pensativa hizo una pausa y agregó.

-Yo miraba a mis compañeras de la escuela que se tapaban más de lo que se les exigía, por mandato de sus padres y su posición social. Yo me conformaba a llevar la mascada corriente del uniforme escolar y pensé que eso sería así siempre y la tiraba apenas llegaba a casa. Este es como los ves ahora, como la mascada de tu uniforme de la escuela, esa tela con la ventana de malla rectangular para los ojos que se ata a por atrás de la cabeza a la altura de la frente. Mi padre me consiguió el que has visto y llega a la cintura. Había algunas niñas, de familias muy religiosas con costumbres muy proteccionistas para sus hijas, llevaban velo negro, otra moza muta, mutus y guantes gruesos y eso no pasaba en nuestra familia. Mamá y papá no han sido exigentes en ese aspecto.

-Es cierto en la familia no han sido tan estrictos como ahora conozco otras o como me decía mamá que en su familia había muchas restricciones y su matrimonio fue un alivio para ella, y ahora los tapados ella los usa sólo por necesidad durante el día. —-dijo Silvana.

-Por la noche, mamá salía destapada y exhibía orgullosamente su cabello negro largo y sus joyas cuando salía con papá al cine, al teatro, a eventos culturales o de compras. Ella tenía también diferentes velos, incluso burkas y yo me probaba los burkas de mamá a escondidas, aunque eran muy largos pero tropezaba al caminar. Cuando llegué a los 13 años, mamá me recordó que era el momento de taparme, porque había recibido una notificación del “Ministerio de la Familia” del gobierno local, y para mí fue una novedad. Le dije que me consiguiera un hermoso burka rosa, que era el traje autorizado para las adolescentes, y ella me llevó a la costurera que me hizo uno a mi medida. Era emocionante. Recuerdo que tuve un burka largo cerrado con ribetes bordados y una delgada malla marrón para ver. Era un bello atuendo y lo usé caminando graciosamente por la acera, aunque por falta de costumbre a veces me sentía desorientada o me caí alguna vez enredada entre  los pliegues de la tela.

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Y agrega.

“Comprendí que la “toca púber” era necesaria no sólo por modestia sino para protegerse de las quemaduras de sol que todas sufrimos a partir de esta edad y la acepté más por convicción. Mi madre me explicó que algunas niñas y mujeres llevaban refrenamientos bajo el tapado para que no me sorprendiera y yo sólo lo consideraba como un hecho cultural, era más bien para las chicas rebeldes. No obstante, es también una preocupación del gobierno. Me dijo que en la familia no era una exigencia. Yo seguí usando mi burka y, como ves, he coleccionado una fascinante variedad de estilos de tapados.”

Yo me horroricé cuando llegó mi prima Elsa a casa en una ocasión al ver lo que ella llevaba bajo del tapado, porque mi tío Fernando en más ortodoxo en su interpretación religiosa y su apego al gobierno religioso. Después de las últimas elecciones nuestro padre se vinculó con las instituciones del gobierno porque muchos amigos suyos pasaron a formar parte de éste y en una ocasión dijo que en algún momento sería necesario recurrir al “claustrum” para la familia si tenía que demostrar la apariencia de modestia que le exigían sus nuevos vínculos para optar a un puesto de trabajo estatal o diplomático.

Mi hermano lo decía en broma que sería más modesta si usara un mutus y yo disimulaba considerando que eran simples bromas. Yo me había acostumbrado a usar el uniforme de la escuela y fuera de ella yo vestía una falda modesta a media pantorrilla con medias altas oscuras, zapatos cerrados con medio tacón, blusa mangas largas con guantes y un hijab modesto de colores claros, sólo usaba una capa con capucha abierta en el frente y la mascada bordada con abertura de los ojos que a veces atrevidamente tiraba para atrás dentro de la casa o el aula, y sólo escondía las manos debajo de la capa. Era lo normal y nada más.

Mi padre no abordaba el tema de las “estancias del claustrum”, es decir los refrenamientos, él era indiferente a eso. Incluso en una ocasión fue donde mi tío y llevó una muestra de las estancias de su esposa que ya no usaba. Él sacó una serie de dispositivos que parecía de una caja de herramientas  y yo me asusté y le rogué a mamá que no lo hiciera. Entonces mi padre las guardó y no volvió a abordar el tema.

-Entiendo que esos instrumentos han sido extraños en la familia, pero ahora que nos cambiamos de vecindario y papá trabaja en el gobierno, puede ser que insista de nuevo. Entiendo que a veces llevas algún tipo de refrenamiento y me preocupa. ¿Cómo comenzaste a usar las “estancias”? —Preguntó Silvana.

-Yo comencé a llevar las estancias del claustrum muy disimuladamente para ir a la escuela cuando papá me lo sugirió más seriamente y accedí a llevarlas más bien por voluntad propia que por obligación. Escogí entre los instrumentos más tolerables de la bodega, las que eran de Clara y mamá y las puso a disposición de la sirvienta para implementarlas en mí. La primera vez, fue muy incómodo, ya que estaba acostumbrada a usar los brazos sin ninguna limitación, ahora yo tenía un cinturón y brazaletes que sujetaban mis muñecas con cadenas delgadas, pero lo suficiente largas para causar la mínima limitación y, mamá me dijo tolerantemente que de esa manera me podía acostumbrar; con el tiempo lo consideré una rutina. Alguna vez me probé un mutus que era más bien simbólico y sólo me recordaba permanecer callada, pero podía hablar si yo quería. No era más que una especie de canica pequeña de porcelana o cristal con la que jugueteaba con la lengua, estaba sujeta a una cadena delgada y atada detrás de mi cuello y la podía quitar si yo quería, parecía divertido.  Yo miraba a mis compañeras que sufrían cuando, por sus refrenamientos, les dificultaba hasta usar la libreta de notas para comunicarse.

Alguna vez me enteré de la casa vecina que madre e hija usaban brazaletes en los brazos atados a los lados del cuerpo a un cinturón, las manos eran libres, pero con alguna limitación; eso me pareció tolerable. Yo recuerdo a una maestra joven de la escuela, hija de un pastor religioso de una nominación puritana, tapaba su boca con un parche de cuero suave y detrás de éste había un objeto en forma oval un poco aplanado adaptable para guardar dentro de la boca y sujeto con fajas alrededor de la cabeza que se los quitaba cuando llegaba a la escuela, era una espacie de moza muta de media máscara y yo le ayudaba a colocárselo a veces cuando estaba lista para salir. Un criado de su padre llegaba a la hora de salida con carretilla, ella era transportada en una caja púber de madera cerraba con llave. Eso lo miraba tan severo que nunca pensé llegar a usarlo alguna vez. Los mutus de hoy son más elaborados… yo tengo uno que me trajo mi tío en uno de sus viajes…

Daniela fue a su cuarto y de una gaveta sacó una caja decorada, la abrió y extrajo un aparato.

– Esto es como un retenedor dental, tiene una cubierta que se coloca encima de la lengua y su función cuando cierras la boca con él dentro en inmovilizarla, sólo te permite los movimientos para tragar líquidos que tomas y con esto en imposible hablar. Se ata con estas cadenas que salen de la boca y van alrededor del cuello. Cuando sientes el objeto encima de tu lengua es un poco incómodo, pero al poco tiempo te olvidas que lo estás usando.

Mientras las muchachas conversaban, doña Julia, que había escuchado la conversación las llamó y fueron juntas a la bodega de la casa bajando las escaleras al sótano. Las muchachas estaban intrigadas y sus ojos brillaban de curiosidad. La mamá abrió un baúl viejo y de él empezó a sacar una serie de objetos y dijo.

-Estas son las “estancias del claustrum” que me tocó llevar cuando era joven como ustedes y en eso sus abuelos eran muy estrictos. Cuando me casé sentí un alivio porque como ven vuestro padre no es tan estricto porque viene de una familia de intelectuales liberales.

Las muchachas estaban sorprendidas. En la caja había una serie de instrumentos feos como grilletes, cadenas, fajas de cuero, mordazas de cuero con bolas de caucho, retenedores o moldes bucales y hasta máscaras de cuero con goznes metálicos y remaches con candados y cerraduras.

-¿Y esto usaste tú?

-Esto usé a diario antes de casarme, mis padres eran estrictos y muy apegados a las tradiciones. A los 14 años me llevaron a un convento de monjas y sólo salía algunos fines de semana a casa y al salir tenía que llevar varios de estos dispositivos. —dijo ella cogiendo una máscara plateada con buen acabado y se apreciaba la cara angelical esculpida o moldeada de una linda mujer. Al voltearla pudieron apreciar en la cara interna habían todos los huecos para adaptarse a la cara y una estructura ovalada propiamente frente a los labios sostenida por un eslabón.

-¿Esto para qué es? Preguntó Silvana.

Doña Julia sonrió y miró la cara inocente de la muchacha. A continuación le acercó la máscara a la cara y le dijo.

-Esta bonita máscara de expresión dulce la llaman la “moza muta”, para que quede bien ajustada tienes que abrir la boca, “ancha”.

Así lo hizo la muchacha y ella ajustó la máscara y se pudo ver los ojos anchos a través de los orificios de esta. Luego ajustó los goznes y trabó por atrás con un clic. La muchacha hizo sonidos guturales y trató de quitarla pero no pudo. Y agregó.

-Algo así usaba yo cuando salía del convento, estaba con llave y al llegar a la casa mamá tenía otra llave para retirarla al comer y volverla a colocar, ya que había una monja que supervisaba diario el cumplimiento del claustrum.

Daniela se reía al ver la sofocación de Silvana. -Esa se parece a la que usa mi maestra cuando salimos en excursión. Ahora veo que es muy linda por fuera pero no por dentro.

-Agradezco tener unos padres como ustedes. Dijo Silvana después de retirarla. Y agregó con un gesto de preocupación. -¿Crees que puedan volver esos tiempos?

-Yo tengo compañeras y hasta maestras que llevan algo parecido. Cuando fuimos de paseo, la señorita Aura, mi maestra del año pasado, llevaba una estancias muy estrechas y teníamos que ayudar a colocarlas. Dijo Daniela.

 

La costurera

Doña Julia y las muchachas se preparan para ir a la calle. Son casi las 10 de la mañana. Doña Julia se ha ataviado con su con un abaya oscuro y un tapado de la cara como cortina de tela negra que se ciñe de la coronilla y cae delante y atrás cubriendo toda la cabeza, a continuación se coloca los guantes largos color oscuro y está lista para salir. Por su parte Daniela se coloca su burka verdoso con ribetes y algunos bordados modestos que cae flojamente hasta el suelo y Silvana apenas lleva un hijab con su “mascada” que usaba en la escuela ahora reforzada con una capucha de tul debajo. Ellas salen a la calle y caminan como fantasmas en la acera.

La casa de Modesta, la costurera está a dos cuadras de la casa. Por el camino una dama con capa color marrón y máscara con perlas como las de Venecia, unas niñas con el uniforme escolar que es un hábito con mangas al puño, guantes negros y mascada con malla fina, juguetean; un señor sale de su casa empujando una especie de carretilla con una caja púber en la que lleva a su hija posiblemente. Vienen y pasan dos damas con burkas largos con y sin pliegues que barren el suelo y se oye que conversan entre ellas. Más allá unas muchachas, supuestamente, con capa y sombrero con un velo largo y las manos refrenadas en un manguito tratan de entrar en una tienda de caramelos. Muchas personas caminan también, vehículos ventanas abiertas y otros con ventanas oscuras cerradas que se supone transportan mujeres. La vendedora de comida rápida con máscara y guantes de látex, señoras con sombrero y velo, muchachas con burqa de colores diversos y modas diferentes ondulan por la calle con el viento. Un hombre lleva una especie de carretilla con una caja donde va guardada su hija, otro lleva a dos niñas con mascada escolar atadas de la cintura con una correa. De un bus salen colegialas con uniforme que consiste en falda larga marrón, calcetas oscuras, blusa blanca manga larga, mitones, escarbes blanco y mascada de seda color crema y malla del mismo color. Se oye el bullicio de la calle y los vendedores ambulantes.

Al fin llegan a una casa grande después de la próxima esquina y al notar el letrero de “abierto” empujan la puerta y entran. Dentro de la casa una dama en sus años cuarenta con traje un poco ajustado y sin velo las atiende. Ellas pasan adelante y la mujer llama diciendo que doña Julia con sus niñas han llegado.

Apareció Modesta y conversó con Julia y las muchachas estaban atentas.

-Niña, tus “medidas” son especiales ya que eres más baja y tu cabeza más delgada. Dijo Modesta refiriéndose a Silvana y ella sonrió.

-¿El largo es suficiente? Tal vez habrá que incluir el alto de los tacones…

-Puede ser, agréguele una dos pulgadas más de largo, porque pronto nos mudaremos al barrio residencial de Santa Inés y Manuel dice que hay que demostrar decoro y  modestia como se exige en las familias de funcionarios del gobierno.

– Es correcto, y esto… ¿Incluye eso el mutus y otras cosas?

-¡Nooo! Eso no mamá… por favor.

Gritó Silvana con una expresión de angustia. Esto era algo ajeno a su familia y había pensado que nunca llegaría a ocurrir. Daniela la miró con una sonrisa y le dijo lo que su padre le había expresado antes la posibilidad de adherirse al “claustrum” y eso podría ocurrir al ir a la nueva escuela. Silvana tenía lágrimas en sus ojos y sólo agachó la cabeza.

Acordaron tres burkas de colores para adolescente: color amarillo, rosado y verde pálido. Estuvieron escogiendo las telas y los encajes. Silvana expresó que quería uno con vuelos como extensión del dobladillo como los burkas  de su vecina. Luego regresaron a casa ya de noche y Silvana había tirado su velo antes de llegar a casa como una muestra de rebeldía.

Efraín y Marisela (sigue)

 


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